La ganadería ecológica y el cambio climático

La ganadería está en el punto de mira de las políticas medioambientales. Se le achaca que contribuye al efecto invernadero, aunque sus emisiones en España no llegan ni al 8 % del total, un número insignificante.

Pese a ello, los ganaderos se han comprometido a rebajarlas y con este fin la ganadería ecológica tiene mucho que decir. De hecho, poco a poco se está volviendo a las técnicas tradicionales de pastoreo.

Hacen un uso sostenible de los recursos naturales

En Comercial Hoznayo sabemos, por nuestros clientes, cómo trabajan los ganaderos ecológicos y de qué manera ayudan a luchar contra el cambio climático.

Ellos están haciendo un uso sostenible del suelo, previniendo la erosión del territorio y consumiendo los recursos naturales de una forma razonable, al contrario de lo que ocurre en las ganaderías extensivas.

Los animales que se trabajan de manera ecológica pastan sobre extensiones enormes de terreno, por lo que no erosionan el suelo al no dejarlo pelado, como ocurre con las ganaderías de gran tamaño que apenas se mueven del sitio.

Además, suelen consumir agua que encuentran en el campo. Con ello, evitan gastar millones de litros de agua potable como hacen en las naves en las que hay miles de animales encerrados.

Una mejor gestión de los desechos

Una de las ventajas de la ganadería ecológica sobre la convencional es que gestiona mucho mejor sus desechos, lo cual deriva en una menor emisión de gases de efecto invernadero.

Cuando hablamos de ganaderías en explotación intensiva, no es raro ver montones de basura gigantescos al aire libre, que no hacen más que contaminar el entorno e incluso el suelo si no se tiene cuidado.

Por norma general, los animales de los ganaderos ecológicos se pasan el día al aire libre. Eso evita que se concentre el estiércol, pues hacen sus necesidades fuera de las naves.

A su vez, el poco estiércol que generan siempre se reutiliza. Es de una calidad enorme, de manera que el propio dueño de los animales lo tira en sus tierras o lo vende a quien esté interesado en cultivar sin el uso de fertilizantes químicos.

No hay que olvidar que, de esta forma, se evita la contaminación de los acuíferos que sí se puede producir con la ganadería convencional al filtrarse los lixiviados de los enormes montones de desechos.

Se mantienen ecosistemas que están desapareciendo

Contra lo que piensan algunos ecologistas, los cuales creen que la ganadería daña el medioambiente, lo cierto es que las prácticas de los ganaderos ecológicos ayudan a mantener ecosistemas que están en peligro de desaparición.

Un ejemplo de ello es la dehesa extremeña. Gracias a los animales se asegura la supervivencia de un ecosistema milenario en el que hay millones de árboles, los cuales absorben el CO₂ que emitimos los humanos.

De hecho, ya se sabe que muchos de estos lugares son auténticos sumideros de carbono. Sin ellos, el calentamiento avanzaría aún más rápido y que esto no suceda depende, en parte, de esta clase de ganadería.

Cada vez usan más las fuentes de energía renovable

Las explotaciones ganaderas necesitan energía. Es cierto que las ecológicas demandan menos que el resto, pero siguen requiriendo de ella para poder funcionar.

Ya sabemos que la energía tiene parte de la culpa del cambio climático, pero esto ahora ha dejado de ser un problema. La razón es que los ganaderos ecológicos están muy concienciados y cada vez emplean más la energía renovable.

Aquí, la estrella es la energía solar fotovoltaica. Esta sirve para las luces de las naves, aporta electricidad destinada a las máquinas de ordeño y consigue bombear agua sin emitir ni un solo gramo de CO₂ a la atmósfera.

En algunos casos, incluso han puesto pequeñas plantas de biogás que aprovechan los propios desechos de los animales. En lugar de hacer abono con ellos, se someten a un proceso que produce gas.

Ese gas se usa para las necesidades de la granja, consiguiendo así una fuente de energía renovable a la vez que se ayuda a luchar contra el cambio climático.

Emplean muy pocos piensos

Se habla mucho de la huella de carbono y es que en la ganadería intensiva esta es muy elevada. Solo hay que pensar que utilizan piensos como la soja, la cual en muchas ocasiones viene de otro continente.

Esa soja se produce a base de combustible fósil, abonos químicos y luego se debe traer a España, con toda la contaminación que ello conlleva.

Sin embargo, los ganaderos ecológicos tienen una huella de carbono muy baja. Apenas necesitan piensos a la hora de alimentar a su ganado y cuando compran paja o alfalfa lo hacen en su zona.

De ese modo, el poco forraje extra que requieren sus animales viene de las cercanías. Eso deriva en que apenas se contamine a la hora de trasladarlo, haciendo que la alimentación de sus animales sea más sostenible.

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